¿Y si la (dis)paridad de las Ligas femeniles fuera una elección?
Fotografía: Futbo13ra
Hay partidos de Liga MX Femenil que se sienten como trámite antes de que arranquen. Santos de visita al Volcán. Puebla recibiendo al América en el Estadio Cuauhtémoc.
Esa sensación de que el resultado está escrito existe en la imaginación de cualquier aficionado antes de que suene el silbatazo inicial. Y los datos lo confirman.
A principios de 2026 publicamos un especial titulado ‘¿Y si la Liga MX Femenil fuera dos ligas en una?’ donde documentamos algo concreto: “la Liga MX Femenil se mueve en dos direcciones a la vez, la competencia se aprieta arriba y la base sigue sufriendo de forma aguda.”
Sin embargo, una pregunta quedó en aire después de una conversación con Pao López Yrigoyen: “¿eso ocurre también en otras ligas?” ¿El resultado del Kansas City Current vs. Houston Dash se sabe de antemano? ¿Manchester United Women vs. West Ham es igual de predecible? ¿Al Levante le pasa lo mismo cuando juega en casa contra el Atlético de Madrid?
Para responderla, analizamos 2,550 partidos de temporada regular en cuatro ligas durante las últimas tres campañas: Liga MX Femenil, NWSL, Women’s Super League y Liga F.
La pregunta central es muy precisa: ¿qué tan predecibles son los resultados según los equipos involucrados?
Encontramos cuatro respuestas distintas. Cuatro ligas con cuatro formas de distribuir la emoción del fin de semana.
¿Cómo medimos lo que la tabla no muestra?
La tabla de posiciones al final de la temporada cuenta una historia. El problema es que solo muestra la conclusión, no el camino. Por eso, para entender la competitividad real de una liga, usamos tres lentes distintos.
La diferencia de goles por partido. Un duelo cerrado termina con un gol de diferencia, o empatado. Una goleada tiene cuatro o más anotaciones. Con esos dos extremos ya podemos comenzar a dibujar el la estructura general de una competencia.
Leer la tabla de otra manera. Usamos el promedio de puntos obtenidos por partido disputado (PPJ) acumulado en tres temporadas completas. Si un equipo gana todos sus partidos tiene PPJ de 3.0; si los pierde todos, 0.
Para ser más claros, el FC Barcelona, multicampeón de España, tiene un PPJ casi perfecto de 2.87. En cambio, el peor equipo de la Liga F durante este lapso, el Betis, apenas tiene 0.86. Tres temporadas seguidas cuentan una historia más honesta y constante que una racha o un buen momento.
Con ese PPJ dividimos a los equipos de las 4 ligas en tres niveles: TOP, MEDIO y BAJO. El corte sigue las caídas naturales en la curva, donde hay un salto significativo en el rendimiento promedio.
La prueba de fuego: ¿Qué pasa cuando un equipo TOP enfrenta a uno BAJO? Ese cruce específico es donde la diferencia entre ligas se hace visible. El dato que mejor la resume es el porcentaje de partidos en que el equipo inferior logra ganar, lo que en inglés llaman upset, o “rompequinielas”.
En una liga perfectamente igualada, ese número rondaría el 33%: uno de cada tres partidos, un equipo “chico” vence al líder. Cuando se acerca a cero, la liga tiene un problema de diferencias estructurales severas.
La distancia entre el mejor y el peor equipo de cada liga, medida en PPJ, es quizá el indicador más directo de qué tan estratificada está esa competencia. Entre más grande esa distancia, más predecible es la liga, más irrelevantes se vuelven ciertos partidos y más dividida queda la experiencia de quien la sigue.
SPOILER ALERT: Las cuatro ligas analizadas tienen cuatro distancias muy distintas.
NWSL: la liga donde el resultado nunca está escrito
Fotografía: NWSL
El número que mejor define a la NWSL está en el fondo de la tabla, no en la cima. Kansas City Current lidera ese ranking con 1.97 PPJ; el Utah Royals de Kiana Palacios ocupa la última posición con 0.96 PPJ.
La distancia de PPJ entre el equipo más TOP y la posición más BAJA es de apenas 1.01 PPJ. Para entender aún mejor esa paridad: en la Liga MX Femenil ese mismo rango entre primero y último es de 1.84 PPJ. Casi el doble.
Eso se traduce en cancha de manera muy concreta. Cuando un equipo del TOP de la NWSL enfrenta a otro del bloque BAJO, el diferencial promedio de goles es de 1.62 y el 54% de esos partidos termina con un gol o menos de diferencia. Más de la mitad de esos enfrentamientos son cerrados, aunque uno de los dos equipos sea claramente superior en la tabla.
Otro dato muy revelador sobre la competitividad de la NWSL es que un conjunto del bloque BAJO gana el 16.7% de los enfrentamientos vs. un equipo TOP. Casi uno de cada seis duelos. En Liga MX Femenil, un conjunto BAJO solo ganó 1 de los 59 partidos en ese mismo cruce ante los TOP.
La tendencia de los últimos tres años de la NWSL apunta una paridad creciente. Los partidos de élite son cada vez más parejos: la diferencia de goles pasó de 1.50 en 2023 a 0.83 en 2025. Y el MEDIO derrota al TOP el 24.2% de las veces. Casi uno de cada cuatro partidos.
Para cerrar con el análisis de la liga estadounidense, la ventaja de jugar de local cayó de 12.9% en 2023 a 6% en 2025.En una liga muy igualada tiene sentido que el factor cancha pese cada vez menos. Si los equipos son similares en fuerza, jugar de visita deja de ser una desventaja latente.
WSL: cuando el pelotón alcanza a la élite
Fotografía: WSL
La Women’s Super League de Inglaterra tiene una fractura clara entre sus extremos. Chelsea, Manchester City y Arsenal forman el grupo TOP, y entre ellos y el cuarto equipo (Manchester United) hay una caída de 0.52 PPJ. Es la fractura TOP-MEDIO más amplia de las cuatro ligas. La cima inglesa está genuinamente separada del resto.
Dentro de ese TOP, los partidos tienen otra textura. Chelsea, City y Arsenal entre sí promedian 1.28 goles de diferencia. Partidos que se pueden decantar para cualquier lado, y que en la temporada 25-26 terminaron con el City como campeonas, rompiendo seis años de dominio de Chelsea.
Pero lo más interesante de la WSL está en la tendencia del pelotón, no en la élite. La diferencia de goles cuando el TOP enfrenta al MEDIO bajó de 2.43 a 1.50 en tres temporadas. El segundo nivel se acercó a la élite tanto en cancha como en la tabla. La WSL crece como bloque: la cima jala hacia arriba y el grupo intermedio la sigue.
Manchester United es el caso más elocuente de esa movilidad. Su PPJ de 1.72 las ubica justo en medio de la élite y el bloque MEDIO. Territorio de nadie en el mejor sentido posible: algo se está construyendo ahí, y los datos sugieren que el camino hacia el nivel TOP es posible.
Un detalle adicional sobre la competitividad de la WSL: es la única de las cuatro ligas con tendencia constante a la baja en goles por partido. De 3.31 en la temporada 23-24, pasó a 3.11 en la 24-25 y cayó a 2.97 en la más reciento. Eso puede leerse como maduración táctica, o como partidos más equilibrados conforme los equipos convergen en nivel. Ambas lecturas apuntan en la misma dirección.
Liga F: una anomalía con 16 equipos de testigos
Fotografía: Liga F
La Primera División femenina de España tiene un caso sin equivalente en las otras ligas analizadas: Barcelona Femenil, recién coronadas campeonas de la UWCL y, en nuestra opinión, el mejor club femenil del mundo en la actualidad.
Como ya vimos, su PPJ de 2.87 es demoledor y se construye sobre 84 victorias, 1 empate y sólo 3 derrotas en tres temporadas completas. Además protagonizaron el 55.8% de todas las goleadas de la liga. Son una hermosa anomalía hegemónica futbolística.
Retirarlas del análisis fue necesario para entender cómo ‘funciona’ la Liga F. Sin los partidos de Barça, el diferencial promedio de goles baja de 1.81 a 1.48. Los partidos cerrados suben de 54.4% a 61%. Las goleadas caen de 14.7% a 8.8%.
Sin Barcelona, la Liga F se parece más a la NWSL que a sí misma. Es una liga razonablemente competitiva que sus propios números globales no logran mostrar porque un equipo los distorsiona por completo.
Por eso, la Liga F debe leerse como dos historias por separado. La primera es la de Barcelona, una excepción estadística a escala global.
La segunda es la interesante: Real Madrid y Atlético de Madrid completan la parte superior de la tabla. En los últimos tres años, el promedio de diferencia de goles en los enfrentamientos dentro del TOP (Barcelona, Real Madrid y Atlético) pasó de 2.0 en la temporada 23-24 a 3.33 en la 25-26. La tendencia muestra a Barcelona alejándose cada vez más de sus dos perseguidoras más cercanas.
Sin embargo, el panorama mejora. El bloque MEDIO, con clubes como Athletic Club, Real Sociedad, Tenerife y Sevilla, mantiene un diferencial de goles estable en 1.49 durante las tres temporadas. Y la brecha entre MEDIO y BAJO se redujo de 1.44 a 1.26.
En España, la estratificación está concentrada en la cima. El resto de la liga tiene una distribución más razonable, y el fondo, de a poco, acorta distancias.
Liga MX Femenil: el fenómeno dual y la (dis)paridad
Fotografía: Eleven Legends
Para nadie debería ser sorpresa que la Liga MX Femenil tiene el rango de PPJ más amplio de las cuatro: 1.84 puntos entre América (2.33) y Santos (0.49). Pero ese número solo cuenta parte de la historia.
Lo que distingue a la Liga MX Femenil es que dos movimientos ocurren al mismo tiempo, en puntas opuestas.
Arriba, América, Tigres, Monterrey y Pachuca muestran un equilibrio sorprendente: apenas 0.18 PPJ de diferencia entre las cuatro. Los duelos dentro del TOP se vuelven más cerrados con cada torneo: la diferencia de goles bajó de 1.5 en Apertura 23 a 1.0 en Clausura 26.
El nivel MEDIO también converge internamente, con su diferencial de goles bajando de 1.56 a 1.39 por partido. La parte de arriba de la liga se aprieta. Los partidos entre los mejores se vuelven más interesantes.
Abajo, la historia va en sentido contrario. El diferencial de goles en los enfrentamientos de clubes TOP vs BAJO creció de 3.25 a 3.45, con un pico de 3.88 en Apertura 25. Cuando el TOP juega contra el BAJO en Liga MX Femenil, el 48% de los partidos termina en goleada. Los equipos BAJOS rompen quinielas apenas el 1.7% de esas veces. En la NWSL, ese mismo porcentaje es 16.7%.
El dato más extremo de todo este análisis: los equipos TOP ganaron los 58 partidos que jugaron como local contra alguno del nivel BAJO. SÍ, TODOS, el 100%. De visita, ganaron 54 de 59, el 92%. En la NWSL, ese mismo cruce da 67% de local y 54% de visita.
La diferencia entre esos porcentajes es la diferencia entre un resultado que puede sorprender y uno que prácticamente ya está escrito. Es la emoción, la sorpresa, lo inesperado que pareciera esfumarse en la Primera División Mexicana.
Hay un dato, sin embargo, que confronta la narrativa simple de que “los equipos del fondo son malos”. Cuando los equipos del BAJO juegan entre sí, el 71.2% de los partidos termina con un gol o menos de diferencia. Las goleadas en esos cruces apenas representan el 1.7%.
Los equipos de la parte baja de la Liga MX Femenil son competitivos cuando se enfrentan entre ellos. La brecha está arriba, en la diferencia de recursos que genera una distancia que no pueden cruzar cuando suben de nivel.
La prueba de fuego
Cuando el mejor equipo de cada liga enfrenta al peor, ¿qué tan predecible es el resultado?
¿Qué hay detrás de estas diferencias?
Los datos describen, aunque no explican del todo. Hay más factores estructurales que probablemente contribuyen, y que vale la pena poner sobre la mesa.
La regulación económica. La NWSL opera con tope salarial y mecanismos que limitan cuánto talento puede concentrar un solo equipo. Europa y México funcionan en mercado abierto. Sin ese mecanismo, los recursos tienden a acumularse en los equipos con más historia, más afición y más infraestructura. Y eso se traduce en diferencias de nivel que los datos capturan con claridad.
El formato de competencia. Las ligas europeas juegan temporadas largas donde la jerarquía real de cada equipo emerge de forma sostenida. Liga MX Femenil y NWSL compiten primero en fase de liga y después en eliminatorias directas.
La dependencia de los equipos varoniles. La NWSL es la única de las cuatro donde la mayoría clubes son independientes. En España e Inglaterra, el número más alto de clubes femeninos forman parte de instituciones donde el equipo masculino determina, directa o indirectamente, los ingresos, los espacios y el alcance del proyecto femenil. En México, hasta ahora, todos funcionan bajo la misma administración
Ninguno de estos factores explica todo por sí solo. Hay otras variables que no estamos midiendo: el sistema de ascenso y descenso, la distribución de ingresos entre clubes, las políticas de formación. Pero en conjunto apuntan a algo que los datos ya sugieren: la competitividad de una liga tiene mucho de decisión de diseño.
Cada liga eligió, o heredó, su arquitectura. Y esa arquitectura produce los resultados que vemos cada fin de semana.
BONUS: Otras metodologías, el mismo destino
Un análisis reciente de The Cutback llegó a conclusiones similares desde otra ruta. En lugar de los resultados, usaron Non-Penalty Expected Goals (npxG) para analizar la WSL, NWSL, Liga F y la Serie A Femenina, sin incluir Liga MX Femenil.
El orden que encontraron es el mismo que el nuestro: NWSL como la más igualada, WSL sostenida por su bloque de equipos fuertes y la Liga F distorsionada por Barcelona.
Dos metodologías distintas, el mismo destino. Eso sugiere que la estructura de cada liga es consistente, y no depende del lente que uses para mirarla.
Incluso el Power Ranking de Opta refuerza las conclusiones sobre la paridad de las Ligas Femeniles Internacionales en su análisis y evaluación de los diferentes equipos que integran las competiciones.
Opta Female League Power Ranking (Mayo 2026)
Los datos de la NWSL muestran que la disparidad competitiva en las demás Ligas tiene solución. El piso dentro del futbol femenil puede ser más alto para beneficio de todas y todos.
Análisis basado en 2,550 partidos de temporada regular. Liga MX Femenil: 918 partidos (Apertura 2023 – Clausura 2026, solo jornadas 1 a 17). NWSL: 496 partidos (2023–2025). WSL: 432 partidos (23-24 a 25-26). Liga F: 704 partidos (23-24 a 25-26).


Puma desde la cuna. Vivo en la intersección de la investigación de mercados, el análisis de futbol y mantener la cordura del caos chilango. El futbol ha sido mi guía moral desde hace mucho tiempo. Hoy, el futbol femenil, aún más.
@un_equipo_diferente/