¿Y si el mayor triunfo fuera perderlo todo?
Fotografía: Club Mazatlán Femenil
El calendario del Clausura 26 llegó su fin. Tijuana, último partido. Después de ese silbatazo, Mazatlán Femenil no volverá a disputar un partido de manera oficial en la Liga MX Femenil.
Pero algo extraño ocurrió en el camino hacia el adiós. El equipo que todos daban por muerto, sorprendió a la Liga semana a semana. El mismo que viajaba incontables horas en camión a sus partidos de visita, que entrena en un gimnasio improvisado, que acumulaba derrotas como ritual, se había transformado.
Pelearon liguilla hasta la jornada 16 cuando todos esperaban otra temporada plagada de derrotas. Hicieron que su gente se emocionara y fuera al estadio, que se interesara y que creyera. Paradójicamente, la mejor temporada de la historia* del club ocurrió a la par de su despedida. La belleza existe precisamente porque se acaba.
Los japoneses tienen una expresión precisa para describir esto: mono no aware (物の哀れ). Se define como la conciencia aguda de lo efímero. La sensibilidad melancólica o "gentil tristeza" ante la impermanencia de la existencia. Una flor de cerezo vive solo una semana, y esa fugacidad la hace más hermosa.
Mazatlán Femenil vivió un torneo inolvidable sabiendo que cada entrenamiento era uno menos, que cada partido las acercaba al adiós.
La temporada brilló porque tenía fecha de caducidad.
Tres jugadoras del plantel actual vivieron esta paradoja desde ángulos distintos y lo compartieron con nosotros en este relato de 5 capítulos.
Rebeca Zavaleta regresó de Argentina para romperse y reconstruirse en 4 meses exactos. Ámbar González cumplió su sueño profesional desde la talacha mientras busca desesperadamente mantenerlo vivo. Daniela García recuperó su identidad futbolística para ser la última capitana.
Todas sabían que Tijuana era el destino final. Todas jugaron cada partido como si fuera una final. Porque para ellas sí lo fue.
Capítulo 1. Llegar
Rebeca Zavaleta cerró su maleta en Buenos Aires y la abrió en Mazatlán. Entre un momento y otro pasaron muy pocas horas. Del invierno húmedo argentino que se siente en los huesos, al calor sofocante de agosto en Sinaloa.
Fotografía: Club Mazatlán Femenil
La lateral ex de Pumas y Cruz Azul no buscaba vacaciones. "Me fui a Argentina en una etapa donde desconfiaba de mí", explica. Un año en Huracán le devolvió lo que necesitaba, la confianza que perdió en su paso por el Toluca por culpa de una lesión.
Cuando su representante le preguntó si quería volver a México, Rebeca tenía clara su respuesta. Quería estar cerca de su familia y cuando apareció Mazatlán, un equipo que mucha gente despreciaba, aceptó sin dudar.
"Queremos que estés consciente del equipo a donde vienes", le dijeron en las pláticas. "Lo sé", respondió. "Tengo que luchar un 110% porque aquí se necesita un poquito más de lo normal."
Fotografía: Club Mazatlán Femenil
Mientras tanto, Ámbar González llegó con otra maleta. Más pequeña, más ligera. Sin historia de equipos profesionales ni vuelos internacionales. Llegó desde Ciudad Nezahualcóyotl con el sueño que había construido en la talacha donde ganaba 200 pesos por partido.
Mazatlán le permitió cumplirlo. Su debut fue el 11 de julio de 2025 ante Necaxa, en Aguascalientes. "Cuando nos pasaron a reconocer la cancha, lloré", recuerda. Su voz se pausa, como si reviviera ese momento. "Me dije: estoy donde siempre había querido."
Pero cuando supo que su actual equipo desaparecería, la urgencia cambió todo. "Tengo que acelerar mi proceso, tengo que ser vista. Sabía que dependía mucho de este torneo." Cada entrenamiento se volvió audición. Cada partido, currículum.
Fotografía: Club Mazatlán Femenil
Y también está Daniela García, quien llegó a la ‘Perla del Pacífico’ buscando volver a sentirse futbolista. A sus 33 años, y tras nueve en la Liga Mx Femenil, venía de una etapa muy complicada en Santos luego de su salida de Pumas donde militó desde 2017.
Ella había construido su identidad durante esos años. En Mazatlán tuvo que reconstruirla.
Dani habla poco, incluso menos cuando se trata de sí misma. Prefiere hablar del grupo. El gafete de capitana le llegó pronto, pero para ella, el respeto vivía en otro lado.
"Un líder es más allá del gafete. Es el impacto que tienes con tus compañeras."
Es ser quien le dice a Rebeca "párate, te necesitamos" cuando está en el piso con la rodilla prácticamente rota. O quien entrena extra con Ámbar porque la ve con hambre de mejorar.
"Valoro mucho que me regalara su tiempo", nos confiesa Ámbar. Y mientras lo dice, no puede evitar compartir una mirada entre complicidad y admiración hacia su roomie y futura excapitana.
Capítulo 2. Tocar fondo
El Apertura 2025, Mazatlán perdió. Y perdió. Y perdió.
Ámbar llegó al club esa temporada. "Platicaba con (Fernanda) Canseco y le decía: perder es bien cansado. Pensaba, ¿soy tan mala o qué onda?". La derrota se volvió costumbre. La decepción, rutina.
"Al final ya hasta nos reíamos. Bueno, en algún momento cambiaremos la situación."
Pero caer constantemente provoca algo más profundo que tristeza. "Teníamos mucho miedo a equivocarnos, a dar un mal pase. Ya me enfrentaba a cada rival y decía: chin, ahora toca ella, qué miedo. Yo ya estaba mentalmente un poco derrotada."
Daniela vio el mismo proceso desde otro ángulo. "Como grupo, nos conocimos en el peor momento, en las derrotas. Veías quién se derrumbaba, quién se enojaba, quién seguía intentando."
La voz de la experiencia nos compartió un poco de cómo vivieron esa dura etapa desde adentro. "Perder es cansado. El cansancio no es solo físico. Es mental, emocional. Es levantarte cada semana sabiendo que probablemente la historia se repetiría."
Rebeca no vivió esa racha del todo. Llegó y empezó jugando hasta la jornada 7 en Puebla. Tiro de esquina, Rebeca sube a rematar. Sale la portera. Choque rodilla con rodilla. La de Rebeca fue la más castigada.
Terminó el partido a pesar del impacto. Empataron 1-1. Dos días después, resonancia. Aún recuerda cada palabra que escuchó en la llamada del Médico del club esa noche: "Zaba, sí estás rota. Meniscos y un poco de ligamento."
Cuatro meses después de llegar a Mazatlán, estaba en un quirófano. Otra vez rota. Pero el especialista le dijo algo esperanzador: "No te rompiste toda la rodilla porque estabas fuerte." Argentina la había salvado sin que ella lo supiera y ahora tocaba reconstruirse una vez más.
Capítulo 3. Perder el miedo
El cambio empezó antes del primer partido del Clausura 2026. Llegó Nicolás Morales como nuevo DT. Trajo disciplina, pero sobre todo algo más que el equipo necesitaba: alguien que creyera en ellas.
Para ese momento, el secreto a voces se confirmó. Mazatlán viviría su última campaña en Primera División. En medio del caos, hubo algo que cambió cómo afrontaron este torneo: ¿qué más podían perder si ya lo habían perdido todo?
"Ya somos el peor equipo, ¿qué más puede pasar?", recuerda Ámbar. La respuesta fue liberadora: nada. Cuando estás en el fondo, solo queda intentar ir para arriba.
"Perdimos el miedo a perder", explica. "Ahí pensamos: me descarrilo, hago lo que puedo y lo que sé, me dejo llevar sin miedo."
Rebeca había vivido la crisis desde la distancia: el quirófano, las muletas, la tribuna, la rehabilitación. Le dijeron cuatro a seis meses. Ella decidió que serían cuatro. Exactos. Le daban repeticiones. Ella hacía cinco más, diez más.
Lo cumplió. Cuatro meses después regresó al equipo para ser parte de su transformación. Su ‘terquedad’ rendiría frutos muy pronto.
Jornada 1: Vencen (3-) a Juárez
"Fue sorprendente", dice Daniela. "Darnos cuenta de que podíamos hacer cosas diferentes nos sorprendió hasta a nosotras mismas."
Jornada 2: Mazatlán 2-1 Santos. La sorpresa se volvió convicción
Ámbar describe el cambio: "Ahora decía: ya quiero jugar, ya que venga el otro rival. Ya entrenábamos con más alegría, sabíamos que podíamos cambiarlo."
El grupo se consolidó de formas pequeñas. Las bromas se volvieron cariño. El cariño, confianza. La confianza, resultados. Los comentarios en redes sociales también cambiaron. Ámbar los leía todos. Antes: "Pues ya que se salgan." Ahora: "Bien chavas, lucharon, son unas guerreras."
Dejaron de ser el equipo que daba pena ajena para ser el equipo que inspiraba respeto. Entonces llegó la noche soñada, y quizá, la más recordada de esta temporada que ahora se extingue.
Capítulo 4. La belleza fugaz
Jornada 9: Estadio El Encanto
Tigres, vigente Campeón. El partido fue cerrado, disputado. Mazatlán no se achicó. Defendieron, atacaron, creyeron. Mantuvieron el 0-0. Llegó el minuto 88. Diana Ordoñez de Tigres acechaba al área, la portera Daniela Solera salió a cortar el balón. Choque entre ambas. Tarjeta roja directa para la guardameta.
Quedan dos minutos para la hazaña. Las locales juegan con 10 y no tienen más cambios. La defensa Fernanda Canseco se puso los guantes con la confianza liberadora de quien sabe que será heroína inesperada. No había plan, solo una instrucción gritada entre todas: "Que no entre el balón, no queremos perder." El reloj corrió. La árbitra pitó el final. 0-0. "Fue como una final porque lo dimos todo sin portera", recuerda Zavaleta. "Queríamos demostrar que no fue golpe de suerte, fue trabajo, la constancia de demostrarnos a nosotras mismas que sí podíamos."
Los partidos siguieron. La tabla se apretó. Para la Jornada 14, Mazatlán tenía 18 puntos. Tijuana 22, Juárez 21, Pumas 20. El octavo lugar se peleaba entre cuatro equipos. Para sorpresa de muchos, Mazatlán estaba peleando liguilla. Cada episodio de esta historia hacía la historia más inverosímil. Algo de tragedia y otro tanto de emoción.
"Cada partido era una final porque ya no va a haber otra oportunidad", confiesa Rebeca. "Todavía falta un partido", se decían. Como recordatorio. Como promesa. La gente en Mazatlán también cambió. Ahora ya les preguntaban: "¿Cómo ves al equipo?" Algo que nunca antes pasó. El equipo que nadie veía se volvió protagonista mientras el reloj corría hacia el final.
Jornada 16: Último partido en El Encanto
Mazatlán 0-1 Atlético de San Luis. Derrota (0-1) y con ello, las aspiraciones de Liguilla se esfumaron. El marcador no importó. El equipo salió al césped sabiendo que era la última vez. La afición también. Todos se despidieron como se despide algo que no volverá: con lágrimas de agradecimiento y sonrisas de gratitud.
Fotografía: Xolos Femenil
Capítulo 5. El silbatazo final
Jornada 17: Tijuana. El calendario del torneo regular llegó a su fin, como la historia de Mazatlán Femenil
Las jugadoras empacaron sus maletas sabiendo que era la última vez con esos colores. Como poética ironía, el último trayecto se dio en avión, el único que hacían en sus 17 visitas a las rivales, y que tantas veces les negaron. El partido se jugó. El resultado quedará registrado, pero lo que importa está en el legado que dejan estas 23 jugadoras, su Cuerpo Técnico y el resto del staff.
Pese a la emoción que le invade, Ámbar vive una dualidad compleja a sus 20 años. "¿Qué va a pasar conmigo? Me siento tranquila porque hicimos un buen torneo, pero triste porque no me hubiera imaginado que iba a debutar y la siguiente temporada se acabaría el equipo que me abrió las puertas."
Zavaleta tiene más camino, pero vive esta despedida con la misma incertidumbre. "Con melancolía", no hace falta decir mucho más. “No puedo dejar pasar la oportunidad de agradecer de corazón cada momento que compartimos y cada reto que enfretamos juntas”.
Daniela, como veterana, tiene una perspectiva más madura. Mazatlán fue renacimiento. "Agradecimiento a la institución que me abrió las puertas de seguir jugando, de nuevo pisar la cancha. Eso no tiene palabras."
Para ella, lo más importante es la historia que quedará tras su paso, la que escribieron en este último semestre. "Quiero que se quede como parte de la historia, de esta generación que dio todo, que no se quedó con nada, que siempre quiso ir por más."
"Nos queda el orgullo de quedar bien, de salir bien. Con eso se va a quedar la gente, con eso se van a acordar de quiénes éramos", dice con ese tono nostálgico de saber que la fiesta se acaba a pesar de haberla gozado plenamente y no querer despedirse del todo.
Terminó la historia de Mazatlán Femenil en Primera División. Las jugadoras se irán sabiendo que nunca más volverán a verse con esa camiseta morada dentro del terreno de juego. Algunas conseguirán equipos. Otras quizá no. Así es de cruel es el futbol.
Pero algo permanecerá. El torneo donde el peor equipo históricamente se convirtió en protagonista de la Liga MX Femenil. El empate contra Tigres sin portera. Los 18 puntos peleando Liguilla. La despedida en El Encanto.
Ámbar lo resume perfectamente, con esa mezcla de juventud y madurez: "Soy parte de un cambio en la historia de Mazatlán. Es muy bonito para mí esta experiencia." Mazatlán brilló en su última temporada de una forma que nunca lo había hecho. No a pesar del final, sino por el final. Cada partido se jugó con urgencia porque el calendario recordaba semana a semana su conclusión.
El silbatazo en Tijuana cerró un ciclo. Las jugadoras seguirán. La liga seguirá. El futbol seguirá.
Lo que se detiene es la historia de Mazatlán Femenil. Y quizá por eso, justo por eso, esta temporada fue perfecta.
El duelo ante Xolas tuvo un sabor diferente sabiendo que era el último. No hay siguiente jornada. No hay "nos vemos la próxima". Solo el presente incierto. El último balón. El último grito. El último abrazo.
Y después, silencio. Pero un silencio que suena a historia.
La capitana Daniela lo resume: "Cerrar de la mejor manera." Rebeca agrega: "Toca disfrutarlo, no queda de otra." Y Ámbar no puede evitar la nostalgia: "Gracias Mazatlán. Gracias al mar porque fue muy importante defender los colores de un lugar de mar porque es sagrado para mí."
El equipo que desaparece, después de un torneo inolvidable, como una ola en las arenas del Pacífico. El mar de Mazatlán seguirá ahí. El estadio El Encanto también, pero ya no habrá más atardeceres morados para las Cañoneras.
Bien lo dicen los japoneses: Mono no aware (物の哀れ). La belleza existe precisamente porque se acaba.
Pd. ¡Mucha fuerza, Dani!


Puma desde la cuna. Vivo en la intersección de la investigación de mercados, el análisis de futbol y mantener la cordura del caos chilango. El futbol ha sido mi guía moral desde hace mucho tiempo. Hoy, el futbol femenil, aún más.
@un_equipo_diferente/