Más Sueños: el deporte como una herramienta para combatir la violencia
Fotografía: IG @massuenosac
El deporte suele pensarse como un espacio de recreación y competencia. Sin embargo, en algunos proyectos también se convierte en una herramienta para hablar de violencia, desigualdad y derechos. A partir del futbol, se abren espacios donde mujeres y niñas pueden cuestionar realidades que normalmente permanecen en silencio.
Durante 17 años, Perla Acosta, Directora de Más sueños, ha trabajado en temas de prevención, atención y detección de la violencia. Es psicóloga y trabajadora social en la UNAM. Desde ese camino profesional y personal surge Más Sueños, una organización feminista que acompaña a mujeres, infancias y personas no binarias que viven distintas situaciones de violencia.
La idea del proyecto surge en los primeros momentos del movimiento feminista que comenzaba a tomar fuerza en la sociedad. En ese contexto, el equipo de Más Sueños se preparó para atender una necesidad clara: muchas mujeres saben que existen mecanismos de atención, pero no siempre saben a dónde acudir o qué hacer. Por eso, el proyecto se construye bajo la consigna de ayudar a las mujeres a identificar la violencia, conocer sus derechos y, a partir de ello, buscar una vida mejor.
Torneo Violeta y el derecho a ocupar el espacio
Durante años, el trabajo se concentró en talleres, conferencias, ferias comunitarias y atención psicológica. La organización cuenta con psicólogas que brindan acompañamiento emocional y abogadas que ofrecen asesoría legal a mujeres en situación de violencia. Sin embargo, en un momento específico, y a partir de la cercanía con comunidades como Ecatepec, surgió una pregunta clave: ¿cómo lograr que más personas se acerquen a esta información? Que no debería ser un privilegio de unas cuantas; la respuesta apareció desde un lugar inesperado: El futbol.
La idea fue organizar un torneo. El primero se realizó en Ecatepec y reunió a 40 equipos. A partir de esa experiencia, Perla identificó una necesidad profunda de la comunidad: contar con espacios deportivos seguros, libres de violencia, con condiciones dignas. Canchas limpias, bien iluminadas, con horarios adecuados y con un enfoque que también considerara a las infancias que acompañaban a las mujeres que jugaban.
De esa experiencia surge el Torneo Violeta, que hoy suma 17 ediciones en distintas zonas de la periferia, como Ecatepec, Xochimilco, Teotihuacán, Cuacalco, Pachuca y Tampico. El torneo se construye desde una idea sencilla pero poderosa: “El espacio público también nos pertenece”, afirma Perla. En un contexto donde las mujeres suelen jugar en los peores horarios o después de los hombres, el proyecto busca cuestionar esa desigualdad desde la práctica deportiva y desde la dignidad de los espacios.
Cancha Violeta: jugar y aprender
Fotografía: IG @massuenosac
Con el crecimiento del torneo, llegó un nuevo paso. Gracias al apoyo de patrocinadores, Más Sueños logró crear Cancha Violeta, su segundo programa. Actualmente existen tres canchas violetas, pensadas como espacios seguros para las infancias . Ahí, el futbol se combina con una metodología enfocada en derechos, prevención y detección del abuso. “Al final es futbol, pero es un proyecto social”, resume Perla.
El personal que trabaja en las canchas está capacitado y actualmente alrededor de 90 infancias participan en el proyecto. En cada entrenamiento, el tiempo se divide: una parte se dedica al futbol y la otra a la psicoeducación. Las infancias aprenden a reconocer sus emociones, a nombrarlas y a identificar situaciones de violencia. Psicólogas y trabajadoras sociales acompañan el proceso, detectan casos y dan seguimiento a través de protocolos específicos.
Los cambios son visibles. infancias que antes no querían salir de casa, que no contaban con recursos para actividades después de la escuela, hoy encuentran un espacio de contención. El trabajo no se limita a la cancha: también se involucra a madres y tutoras, quienes reciben atención psicológica, participan en talleres y tienen espacios como clases de yoga. Para la organización, erradicar la violencia implica trabajar de manera colectiva.
Parte central de la metodología es cuestionar los patrones que se reproducen desde edades tempranas. Se trabaja con las infancias para reconocer nuevas masculinidades, romper círculos de violencia y fomentar relaciones más sororas, responsables y tolerantes. En lo cotidiano, esto se refleja incluso en detalles simples, como acompañar a las niñas para que se sientan seguras ocupando posiciones que históricamente se les niegan, como la portería. La cancha, explica Perla, es una réplica de lo que ocurre en la sociedad. Además, Más Sueños busca reconocer talentos y acercar a niñas y mujeres a torneos profesionales y semiprofesionales, entendiendo que el futbol no se limita al ámbito profesional y que existen múltiples formas de hacer comunidad a través del deporte.
Fotografía: IG @massuenosac
Los resultados han sido significativos. Para Perla, trabajar desde el futbol fue un descubrimiento inesperado. Aunque siempre ha sido una apasionada del futbol femenil, nunca imaginó que su camino feminista la llevaría a este espacio. A lo largo del proyecto se han identificado casos de violencia, se ha brindado atención legal y psicológica, se han impulsado marchas y se han construido historias de crecimiento colectivo, tanto para las infancias como para las propias integrantes de la organización.
Un sueño que sigue creciendo
En lo personal, Perla reconoce que el proyecto también la atraviesa emocionalmente. “A veces lloro, a veces sufro, a veces tengo dudas”, dice. Sin embargo, hay una convicción que la sostiene: “Yo amo mi proyecto, amo mucho la causa feminista y creo realmente en que las mujeres podemos ser libres en este país y sentirnos seguras”. Su sueño es inundar de canchas inclusivas con perspectiva de género. Espacios donde el deporte deje de ser solo juego y se convierta en una herramienta para cuestionar la violencia, construir comunidad y abrir otras posibilidades de vida.
Fotografía: IG @massuenosac
En Más Sueños, el futbol funciona como un punto de partida para algo más profundo: la construcción de espacios propios y seguros. Para muchas mujeres, niñas y personas no binarias, estos lugares representan la primera vez que en habitar el espacio público sin miedo. Desde ahí, el deporte se transforma en acompañamiento, cuidado y comunidad. Porque no es solo jugar: es aprender que también se tiene derecho a estar.

