Mariana Díaz: la aventura de seguir su propio camino

Foto : @Mariana Díaz

La historia de Mariana Díaz no es solo la de una mexicana jugando en la Liga Española. Es la de una futbolista que decidió insistir cuando el camino no estaba hecho y que fue armando su propia trayectoria, aunque eso implicara buscar oportunidades lejos de México. Detrás de la futbolista que hoy  juega en la Liga F hay años de decisiones, cambios y apuestas personales que empezaron cuando el futbol aún era solo un juego con sus vecinos y amigas.

A ella le gustaban todos los deportes, pero crecer en un país donde el futbol es uno de los más populares la fue llevando, poco a poco, hacia la cancha. Con vecinos y amigas, las tardes se llenaban de cascaritas. No había todavía una estructura profesional, ni una idea clara de a dónde la podía llevar ese juego. Solo estaba el gusto por jugar.

El cambio vino con una amiga de la primaria. En la escuela donde estudiaban, en Querétaro, no existía un equipo de futbol femenil, así que fueron a hablar con el director de deportes y la respuesta fue sencilla, pero marcó un punto de partida: si lograban juntar a varias niñas, él las ayudaría a armar el equipo. De no tener un espacio para jugar, pasaron a construir uno.

Mariana se describe como una persona muy competitiva desde chiquita. Con el tiempo, esa competitividad se fue encontrando con una realidad distinta: la del futbol profesional. Hoy, su relación con el juego ya no es la misma que cuando era niña. Ahora tiene que cuidarse más, no puede estar cascareando todo el tiempo ni arriesgarse de la misma manera. Recuerda que antes, si le dolía algo, podia ignorarlo y seguir  jugando. Entre la disciplina, los entrenamientos y las responsabilidades, hay algo que se mantiene intacto: el sentimento por jugar. Mariana dice que se siente afortunada de despertarse y saber que le espera un entrenamiento. Para ella, el futbol sigue siendo sinónimo de divertirse muchísimo.



Una trayectoria que no se quedó en México

Foto : @Mariana Díaz

La carrera de Mariana Díaz se ha ido armando a base de decisiones que la sacaron de su zona de confort una y otra vez. Empezó en Querétaro, con Estudiantes FC, un equipo estatal que la hizo representar a su estado y, sobre todo, la puso bajo la guía de una persona importante en su vida futbolística.  Saúl Cruz, su entrenador de niña. “A la fecha me sigue jalando las orejas y me sigue dando consejos. La verdad que lo quiero muchísimo como si fuera de mi familia. Gracias a él fue que seguí jugando fut”, cuenta.

Desde ahí, el mapa empezó a abrirse. Una compañera del equipo se fue a jugar a Estados Unidos y eso le despertó la curiosidad de probar también fuera. Se fue un verano al Houston Aces y fue la primera vez que vivió el futbol de forma profesional: entrenamientos en la mañana, gimnasio en la tarde y todo su día girando alrededor de la cancha. Era muy distinto a lo que había vivido en México, donde tenía que estudiar, trabajar y acomodar el futbol entre otras cosas.

Mientras terminaba su carrera en Querétaro, aprovechaba los veranos para regresar a Estados Unidos. Ahí conoció jugadoras de otros países y se enteró de ligas europeas donde el futbol se jugaba todo el año y se podía vivir de eso. En ese momento en México no existía la Liga MX Femenil. Cuando se graduó, decidió intentarlo y  empezó a mandar currículums a equipos de otros países hasta que llegó una oportunidad en el viejo continente.

Italia significó su primera experiencia en Europa y, por primera vez, vivir del futbol como única actividad. Ahí entendió de forma muy concreta algo que después resumió en una frase: “El futbol rompe fronteras. Hace que todos, aunque seamos de diferentes países y de diferentes ideales, estemos en el mismo sitio por el futbol”. Después de esa etapa decidió dar el siguiente paso y en 2017 se fue a España, al Santa Teresa, donde continuó su carrera en Primera División.

En medio de ese proceso llegó una de las partes más duras: la lesión de rodilla. En uno de los veranos en los que regresaba a jugar con Houston Aces se rompió el ligamento cruzado anterior. Empezó a investigar cómo y dónde recuperarse y decidió volver a México. Pasó cinco meses en rehabilitación y, cuando estuvo lista, el propio Santa Teresa volvió a llamarla para el fichaje de invierno. Regresó a España, pero la rodilla se volvió a romper y en 2019 tuvo que ser nuevamente operada. A pesar de eso, se quedó un par de años más en el club, en una etapa marcada también por el COVID.

Cuando el proyecto del Santa Teresa terminó y el equipo se deshizo tras el descenso, Mariana volvió a moverse. Se fue a Portugal, al Valadares, donde pudo conocer otra liga y otra cultura. Sin embargo, con el tiempo empezó a sentir que quería algo diferente. En Navidad regresó a México y, mientras pensaba opciones para irse a otro país, fue a su primer partido de la Liga MX Femenil en Querétaro. Ver a Gallos jugando en el estadio municipal tuvo un peso especial: ella se había ido cuando en México no existía una liga profesional para mujeres. Llevaba mucho tiempo fuera de casa y esa imagen la hizo plantearse. Habló con el club y llegó a un acuerdo para jugar con Querétaro. Estuvo una temporada y media en Gallos Femenil, con una cláusula que le permitía salir si aparecía otra oportunidad en el extranjero.

Esa oportunidad volvió a llegar desde España, esta vez con otro enfoque. Su exentrenador la contactó. “En ese momento estaba yo ya viendo más a mi futuro a largo plazo”, explica. Con su apoyo encontró una maestría y firmó con el Sport Extremadura, en Badajoz, donde jugó dos años mientras estudiaba y formaba parte de un club nuevo que buscaba crecer. Al terminar esa etapa llegaron nuevas opciones. Una de ellas fue el Alhama, en Segunda División. “Fue una decisión difícil, la verdad, venirme porque me había acostumbrado ya a la ciudad. Pero pensé: otra oportunidad para poder competir a un buen nivel”, dice. Se fue a Alhama de Murcia y la temporada pasada lograron el ascenso a la Liga F .Su trayectoria se puede leer como una cadena de decisiones que la fueron llevando cada vez más lejos de casa, pero nunca lejos del futbol. Entre cambios de país, lesiones y nuevos comienzos.

Foto : @Mariana Díaz


Cuando el reto no es solo la cancha

Adaptarse a un país nuevo no siempre es sencillo. Para Mariana, lo más difícil ha sido estar lejos de su familia y de la calidez de la cultura mexicana, donde el trato cercano y afectuoso es parte de la vida diaria. A pesar de la incertidumbre inicial, cada cambio ha sido también una aventura. Llegar a un vestidor nuevo, conocer a gente distinta y enfrentarse a un idioma diferente trae consigo una mezcla de nervios y emoción. Mariana lo describe como esas “mariposas en la panza” que sientes al empezar algo desconocido.


A lo largo de su trayectoria, ha tenido la suerte de encontrar amistades que trascienden fronteras. Una amiga irlandesa con la que ha jugado en tres países diferentes es un ejemplo de esas conexiones que perduran, más allá de los idiomas o las distancias. Para ella, la relación entre compañeras de equipo es uno de los mayores regalos del futbol: la complicidad que se construye al trabajar juntas por un objetivo común y celebrar los logros compartidos. Mariana reconoce que ir a otros países siempre da miedo, porque nunca sabes cómo será el proceso de adaptación. Sin embargo, cada experiencia le ha permitido conocer nuevas culturas y aprender diferentes formas de vivir, ampliando su mirada y enriqueciendo su carrera y su vida personal.


Aprender a levantarse 

Ser futbolista no significa solo enfrentar rivales en el campo; también implica enfrentar obstáculos que nadie ve. Las lesiones son uno de ellos: largos periodos de espera, recuperación y miedo a no volver a jugar igual. 

Para Mariana, esas pausas fueron una oportunidad para conocer su cuerpo, pasar por una lesión fue más que un desafío físico: “Es una etapa muy retadora porque estás apartada del grupo”, recuerda. Sus dos lesiones de cruzado anterior la mantuvieron casi tres años sin jugar, incluyendo el tiempo del COVID. La primera vez que volvió, pensó que quizá su tiempo en el futbol había terminado.

La segunda recuperación le enseñó algo nuevo. Con la guía de una nutrióloga y un preparador físico descubrió que el cuidado fuera de la cancha es tan importante como los entrenamientos: “El entrenamiento invisible, el descanso, la comida y el gimnasio que haces fuera de la cancha son super importantes para tu rendimiento”. Aprender a cuidar su cuerpo se convirtió en su lección más valiosa.

No fue solo un reto físico. Cada regreso al campo requiere paciencia, resiliencia y tiempo para recuperar ritmo y confianza. Como ella misma dice, “Es una etapa super retadora psicológicamente. Tienes que ser muy resiliente”. Aunque las lesiones detuvieron su juego, también le dieron nuevas herramientas para comprender su cuerpo y su carrera, recordándole que cada paso de recuperación tiene su propia recompensa.


El sentimiento de ascender y de representar a México

Foto : IG @Mariana Díaz Leal

El ascenso del Alhama a primera división quedó grabado en la memoria de Mariana como un momento irrepetible. No se trató solo de los resultados ni de los partidos ganados, sino de todo lo que implicó lograrlo. “Increíble. Ahora sí que esa sensación de logro se va a quedar conmigo toda la vida”, recuerda. Más allá del resultado, lo especial fue la unión del equipo, la complicidad que lograron transmitir en la cancha y cómo cada esfuerzo de la temporada se reflejaba en cada encuentro. 

Ahora que su equipo compite en la Liga F, ese orgullo se transforma en otra dimensión. Ser mexicana lejos de casa añade un significado distinto a cada partido. Escuchar un “¡Viva México!” en la tribuna o ver una bandera  le recuerda que representa algo más grande que ella misma. “La verdad que me genera mucho orgullo y mucha motivación”, dice. Esa sensación la impulsa a dar lo máximo en la cancha y a poner el nombre de México en lo más alto, transformando cada encuentro en una oportunidad de demostrar su identidad y su pasión.

El ascenso y el orgullo de representar a México se entrelazan en la memoria de Mariana, recordándole que cada esfuerzo, cada partido y cada emoción compartida dejan una huella que va más allá del resultado; son momentos que se sienten y permanecen.




Mirando atrás con todo lo aprendido

Si pudiera volver a aquel momento en el que dejó México por primera vez, con la incertidumbre y el miedo de lo desconocido, Mariana se diría a sí misma que todo reto se enfrenta con energía, con actitud y con la mejor disposición. Que lo importante es siempre dar lo mejor y confiar en que el resto llegará solo. 

Hoy, mirar atrás es ver todo lo que ha construido sola: los países que ha recorrido, los equipos en los que se ha abierto camino, los momentos de soledad, los ascensos, las lesiones y la satisfacción de representar a México en cada partido. Cada experiencia, buena o desafiante, se convierte en parte de su historia, en un recordatorio de que la pasión, la determinación y la valentía son lo que transforman los desafíos en oportunidades y dejan una huella que perdura mucho más allá de la cancha.

La historia de Mariana Díaz es la de una futbolista que ha seguido su propio camino, con pasión y curiosidad, dejando que cada paso la lleve hacia lo inesperado. Su carrera no ha sido planeada, sino que ha ido sucediendo, una aventura que sigue viva y que refleja la fuerza de alguien que juega, aprende y crece con cada instante que vive dentro y fuera de la cancha.
































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