Betty García: El valor de seguir un sueño
Fotografía: Archivo
Hay historias que el tiempo no borra porque permanecen en la memoria de quienes las vivieron. En el futbol femenil, muchas de ellas sobreviven en la voz de las futbolistas que estuvieron ahí desde el principio, cuando todavía las mujeres ocupaba pocos espacios. La de Betty García es una de esas historias. Escucharla es volver a encontrarse con una de las mujeres que fue parte de la lucha por abrir camino dentro de este deporte.
Betty comenzó a jugar al futbol a los 18 años. Al recordar sus primeros momentos, habla del deporte como algo que siempre estuvo presente en su vida. "Yo creo que nací para ser deportista", menciona.
Actualmente el futbol sigue siendo parte de su vida, solo que ahora lo vive de otra manera. Dirige el Norita Futbol Club, nombrado asi en homenaje a Nora Cortiñas, una de las Madres de Plaza de Mayo, y desde ahí continúa cerca del deporte que la ha acompañado gran parte de su vida. Ver a las nuevas generaciones de futbolistas también le permite mirar hacia atrás. Cuando ella comenzó a jugar, recuerda, que solo había dos equipos. Hoy observa un escenario distinto: el futbol femenil se juega a lo largo y ancho de Argentina.
Antes de presenciar ese crecimiento, la carrera de Betty también la llevó por distintos caminos. Comenzó jugando en Argentina y, tiempo después, una convocatoria con la selección la llevó a disputar una serie de partidos en Uruguay. Fue ahí donde recibió una invitación para quedarse a jugar en ese país, una oportunidad que aceptó y que la mantuvo durante tres años recorriendo distintas ciudades con equipos uruguayos. Después volvió a Argentina para continuar su carrera.
A su regreso, el futbol femenil también comenzaba a ganar nuevos espacios. En 1970 participó en un campeonato disputado en la cancha de Independiente que fue transmitido por televisión a todo el país. Betty recuerda que aquella transmisión permitió que más mujeres descubrieran que ellas también podían jugar al futbol.
Fotografía: Archivo
El camino de una pionera
Mientras Betty continuaba construyendo su carrera, llegó una noticia que marcaría el siguiente capítulo de su historia. Harrigton, el manager que dirigía al equipo en ese momento, recibió una invitación para que la selección argentina viajara a México y disputara el Mundial de 1971. "Te imaginás la alegría que teníamos todas de poder realizarlo", recuerda.
Antes del viaje, la selección mexicana realizó una gira por Argentina y ambos equipos se enfrentaron en la cancha del Club Atlético Nueva Chicago, en Buenos Aires. Después de ese partido, las futbolistas mexicanas regresaron a su país, mientras la delegación argentina permaneció a la espera de los pasajes para emprender el viaje hacia México. Las condiciones en las que llegaron al torneo fueron muy distintas a las de otras selecciones. Betty cuenta que la Unión Tranviarios Automotor [UTA] fue la encargada de proporcionarles los uniformes, ya que no recibieron apoyo de ninguna otra institución. Al llegar a México también descubrieron que el torneo se jugaría con botines, cuando ellas únicamente habían llevado zapatillas. Fue la organización la que les consiguió el calzado para disputar los encuentros.
Esos fueron solo algunos de los desafíos que acompañaron a la delegación argentina desde su llegada. Mientras otras selecciones contaban con director técnico, masajista y un cuerpo técnico, ellas afrontaron el Mundial en condiciones muy distintas. Aun así, el momento que habían esperado finalmente había llegado: era tiempo de salir a la cancha.
El primer reto en México fue la selección anfitriona. Argentina cayó 3-1 en su debut y, con ese resultado, el margen de error desapareció. Para seguir con vida en el Mundial, el siguiente partido frente a Inglaterra solo dejaba un camino: ganar.
El Mundial no solo representó una competencia para Betty. También fue la oportunidad de vivir algo que, durante mucho tiempo, solo había existido en su imaginación. "Soñaba muchas veces con estar en la selección y jugar un mundial. Lo soñaba, pero nunca pensé que eso iba a ser realidad", recuerda. Más de cinco décadas después, ese viaje sigue ocupando un lugar especial en su memoria.
Después de la experiencia en México, Betty regresó a Argentina, pero su historia en el futbol todavía tenía capítulos por escribir. Continuó jugando y más adelante llegó a Racing, equipo que en ese momento competía bajo el nombre de La Academia porque la AFA no permitía utilizar oficialmente el nombre del club. Ahí también encontró otro momento importante de su carrera: en 1978 levantó el campeonato disputado en la cancha de Excursionistas.
Su carrera continuó hasta 1985. Cinco años después, en 1990, el futbol femenil fue oficializado en Argentina. Para entonces, Betty ya había dedicado gran parte de su vida al deporte. Como ella, muchas futbolistas construyeron su camino cuando el futbol femenil aún no contaba con un reconocimiento oficial. La profesionalización llegó después, pero sus historias ya se habían escrito desde mucho tiempo antes.
Cuando el reconocimiento finalmente llegó
Fotografía: IG @Betty García
Las historias de las pioneras del futbol femenil permanecieron durante años fuera de los reflectores. Con el paso del tiempo, los homenajes comenzaron a recuperar el legado de una generación que ayudó a abrir camino dentro del deporte. Betty recuerda que, durante el Mundial de 1971, en Argentina casi no se hablaba de la participación de la selección. Las familias seguían de cerca el torneo a través de las llamadas telefónicas que las propias jugadoras hacían para contar cómo marchaban los partidos. Cuando regresaron al país, tampoco encontraron periodistas esperándolas.
Los reconocimientos para aquella selección comenzaron a llegar hasta 2017. Aunque Betty recibe esos homenajes con alegría, considera que debieron haber llegado mucho antes, cuando todas sus compañeras todavía estaban para compartirlos."Hay compañeras que no lo pudieron ver, nunca sintieron reconocimiento porque no están más. Entonces, me hubiera gustado que ellas también disfrutaran de ese reconocimiento", recuerda.
Para Betty, esos homenajes también son un reconocimiento a la resiliencia de toda una generación de futbolistas. "Luchamos para que el futbol femenino esté como está ahora".Sus palabras recuerdan que el reconocimiento también es una forma de preservar la memoria de quienes abrieron camino, incluso de aquellas que ya no estuvieron para recibirlo.
El valor de seguir tus sueños
Para Betty, el futbol siempre estuvo por encima de cualquier otra cosa. Desde que comenzó a jugar, su prioridad fue seguir haciendo aquello que más disfrutaba. Su carrera la llevó por distintos clubes, le permitió conocer otros países y vivir experiencias que, durante mucho tiempo, había imaginado. Aunque reconoce que el machismo formaba parte de la realidad de aquellos años, nunca permitió que se interpusiera en el camino que había decidido recorrer.
"En ese momento era mucho machismo, la verdad. Sinceramente, no solo por el hombre, sino también con las mujeres, por el qué dirán y que las mujeres no están para jugar al fútbol."
Betty sabe que no todas las futbolistas pudieron vivir esa misma historia. Mientras ella encontró apoyo en su familia, muchas de sus compañeras tuvieron que renunciar al futbol o dejar pasar la oportunidad de disputar el Mundial porque en sus casas simplemente no las dejaron jugar. Por eso, cuando recuerda aquellos años, también piensa en quienes vieron sus sueños detenidos antes de siquiera entrar a una cancha.
A pesar de ese contexto, Betty conserva otro recuerdo igual de presente: el de los estadios con público, las personas que pagaban un boleto para ver futbol femenil y la sorpresa de quienes descubrían, por primera vez, a dos equipos de mujeres disputando un partido. Lejos de sentirse fuera de lugar, encontró en la cancha un espacio donde podía ser simplemente futbolista y donde el juego hablaba por sí mismo.
"Yo nunca puedo decir que no tuve satisfacción en el fútbol. Porque hice lo que quise, jugué en estadios y con público."
Más allá de los obstáculos que marcaron a toda una generación, Betty construyó una historia guiada por aquello que más disfrutaba: jugar al futbol. Nunca dejó que las ideas de otros pesaran más que sus propios sueños. Y, quizás sin proponérselo, demostró que seguir el camino que uno elige también puede convertirse en una forma de abrir espacio para quienes vienen detrás. Ese fue el valor de seguir sus sueños.
Fotografía: IG @Betty García
La historia de Betty García demuestra que el futbol femenil comenzó mucho antes de los reflectores y los reconocimientos. Comenzó en mujeres que jugaron por pasión, que defendieron sus sueños cuando todavía parecían imposibles y que encontraron en una cancha un lugar donde podían ser ellas mismas.
Décadas después, sus historias empiezan a recibir el reconocimiento que durante tanto tiempo les fue negado, recordándonos que el presente del futbol femenil también fue construido por quienes se atrevieron a dar el primer paso. Contar la historia de Betty no es solo recuperar la memoria de una pionera; es entender que detrás de cada oportunidad que hoy existe hay mujeres que nunca dejaron de creer en el deporte que amaban. Porque el futbol femenil también se escribe con la memoria de quienes lo hicieron posible mucho antes de que el mundo decidiera mirar hacia ellas.

